Mi primo Ísak celebraba su tercer cumpleaños. Su casa estaba repleta de gente de edades diversas y todos ellos comían tartas, bebían café o sodas y charlaban. Me encantan estos pequeños cumpleaños, sobre todo cuando sucede que mis primos pequeños me tienen tanto cariño. Nada más entrar a la casa saludo individualmente a la gente (aunque no los conozca a todos) y al presentarme ante la pequeña Anita y recordarle mi nombre grita por toda la casa: "Papá, ¿sabes quién ha venido? ¡¡IRIS!!" Y no me siento con los mayores tras tomar un poco de tarta, no. Voy al cuarto del cumpleañero y allí charlo con ellos. Es curioso como dicen cosas tan coherentes siendo tan pequeñitos.
Pero no todo termina ahí, el cumpleaños es solo una pequeña parada (feliz parada) porque por la noche en Reykjavík es Menningarnótt (la noche de la cultura). Nunca había visto la ciudad tan encendida, tan llena de vida. Solo he ido una vez en mi vida y hace tantos años que no recuerdo apenas nada. Lo primero que hacemos es entrar en Hallgrímskirkja y un coro de mujeres canta canciones bellísimas en compañía de un piano y poco después en compañía del órgano. La iglesia se ve preciosa (aún no siendo mi favorita de la ciudad). Con todas las luces la simplicidad de los arcos se transforma en algo grandioso y la música hace que una se sienta pequeña.
¿He olvidado decir que llovía? Era una lluvia finita, ininterrumpida y molesta; y tenía frío. Me cobijo bajo un paraguas que lleva los colores del arcoiris y la cámara al cuello, preparada para captar momentos interesantes. Tras salir de la iglesia vamos buscando Laugavegur intentando no olvidar dónde hemos aparcado el coche y caminando encontramos lo que buscábamos, además de ver un grupo que tocaba de manera muy enérgica música rock.
Y desde ahí pasaron las horas. En un bar futbolero cenamos una hamburguesa demasiado salada y una pizza que no sé cómo salió. A la hora de ir al baño, me tocó la desgracia de tener que entrar en un cuarto de baño para chicas en el que acababa de estar un hombre medio borracho y que había salpicado todo con su orina. No, gracias; y resultó que en otros sitios las colas eran enormes y yo con la regla.
El ruido, la felicidad y la oscuridad repleta de luces hizo que todos nos diésemos cuenta de lo bonita que estaba siendo esa noche; a pesar del frío, la lluvia y la humedad que se colaba en los huesos todos eran fuertes por ese momento que no se repetiría hasta el año siguiente.
Es bonito que se celebre la noche de la cultura, ¿no? ¡Ah! Que no se me olvide poner el link del grupo al que vimos en desde Arnarhóll: Hjaltalín. Muy recomendable.
Hjaltalín versionando Halo de Beyoncé
Hjaltalin cantando en islandés
Mi canción favorita de Hjaltalín
Más fotografías:
Descendiendo por Laugarvegur
Arnarhóll a lo lejos mientras cruzábamos la calle.
El concierto en Arnarhóll
¡Para que quede claro en qué país estamos!
El bar futbolero del que os he hablado arriba.
Uno de los cantantes de Hjaltalín (¡parece un vikingo!)
Y la cantante, justo cuando cantaba Halo.
También pasamos por Harpa.
Y nos perdimos los fuegos artificiales. Hacía tanto frío que ni la cultura pudo darme el calor que necesitaba :(
Gracias por leer. <3



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